En su columna habitual en el diario El Mercurio, el académico Eugenio Tironi cuestiona la propuesta económica del gobierno.
Creímos que el Estado era la solución. Falso. Eso trajo más impuestos, incertidumbre y permisos que ahuyentaron al capital. Nada reemplaza a la iniciativa privada. Nada. Ese fue el mensaje del ministro de Hacienda en Enade.
Hay razones para dejar el pesimismo, agregó; un pesimismo, dicho sea de paso, que el propio gobierno inoculó. La reforma que favorece a los propietarios en impuestos, contribuciones, garantías y herencias ya muestra sus efectos. Quedan obstáculos: el atraso de los tribunales ambientales, que el ministro fue a plantear a la presidenta de la Corte Suprema, y las impugnaciones ante el TC, que a su juicio “traumatizan la vida social”. Gestiones y declaraciones inusuales para el jefe de las finanzas públicas.
Pero el optimismo del ministro no se contagia. El mismo día de Enade retrocedió el Índice Mensual de Confianza Empresarial; horas después, el de los consumidores. La economía está al borde de una recesión y el desempleo, de los dos dígitos: los peores números desde la pandemia.
El voluntarismo oficial choca con los hechos. El Gobierno no ha cumplido sus promesas. Ahora las traslada a 2027. ¿Alcanzará antes de que se acabe la paciencia? ¿Y si el problema no está en el plazo sino en la receta?