Columna publicada en El Mercurio por el director del Instituto de Filosofía de la Universidad de los Andes.
Al discutir las decisiones del Ministerio de Ciencia vale la pena recordar que muchas cosas aparentemente contrastantes pueden ser ciertas al mismo tiempo. Puede que el ministerio tenga razón en reorientar el programa Becas Chile, por ejemplo, y que a la vez se equivoque sobre los postdoctorados.
Puede ser verdad también que la derecha —la “tradicional” y la “nueva”— esté marcada por cierta dosis de antiintelectualismo, con baja comprensión de lo que se hace en Humanidades y Ciencias Sociales. Cuando la ministra afirma que las nuevas áreas prioritarias están abiertas a estos campos no dice algo falso, sino que expresa esa mirada: le parece que estas disciplinas se justifican si estudian, digamos, el cibercrimen.
Otra verdad: en la izquierda las prioridades son distintas, pero también ahí prima una mirada utilitaria sobre el saber. La fórmula es “transformación” más que productividad, pero la idea de un conocimiento como valioso en sí mismo tiende a ser ajena al conjunto de la cultura contemporánea.