José Joaquín Ugarte: “Misa gubernamental”

En su carta al Director del diario El Mercurio, el académico de número asegura que la laicidad del Estado no implica neutralidad absoluta en las manifestaciones públicas de la religión.

Señor Director:

Discrepo del profesor Carlos Peña. No debe interpretarse la libertad de conciencia o de religión en el sentido de que las autoridades o funcionarios públicos no puedan convocar a una misa. Sería contradictorio que la libertad religiosa consistiera en expulsar la religión del ámbito público; la verdadera interpretación es que no se puede obligar a nadie a seguir una determinada religión o a ser religioso.

La misma Constitución de 1925, que proclamó esa libertad y separó la Iglesia del Estado, fue promulgada “invocando el nombre de Dios Todopoderoso”; y el centurión que intervino en la crucifixión de Jesucristo, que era funcionario público de un Estado politeísta, al ver cómo moría, dijo: “Verdaderamente, este era hijo de Dios” (Mateo, 27, 54), sin que nadie lo enjuiciara.

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