Daniel Mansuy: “La anarquía opositora”

El académico de número analiza la crisis estratégica y política de la oposición en Chile, en su columna de El Mercurio.

“No voy a respaldar una colusión con Quiroz”, “era una mentira”, “El PPD se vendió”. Estas frases —pronunciadas por senadores PS y DC— dejan ver con claridad el grato clima que reina en la oposición. ¿El detonante? La voluntad de algunos por sentarse a conversar con el Gobierno sobre la ley miscelánea. Esa mera disposición constituye, para los más dogmáticos, una herejía inaceptable: con el fascismo no se dialoga, al fascismo se le combate. Allí reside el fondo del mantra de la unidad: la idea es que los más duros posean un poder de veto ilimitado respecto de cualquier atisbo de negociación. Todo el resto es traición, venta, colusión y felonía.

Sobra decir que, fuera de los muros del Congreso, todo esto resulta incomprensible. Basta levantar un poco la vista para percatarse de que no hay estrategia alguna detrás de esta actitud: es, más bien, la reacción de quien se ve encajonado y recurre al único libreto que conoce, aunque sepa que no funciona. Esta es la paradoja: la oposición necesita —más que nunca— algo de imaginación política, pero solo encuentra reflejos gastados que no conducen a nada. En lo inmediato, el riesgo es condenarse a la insignificancia, pues el oficialismo no necesita votos opositores. Es cierto que, para algunas normas, subsiste el recurso al TC, pero es un arma de doble filo, y refugiarse en las polleras de la tercera cámara —después de décadas haciendo gárgaras con la “agencia política del pueblo”— conlleva costos elevados. Si se quiere, implica reconocer una enorme derrota política. El pueblo ya no está con nosotros.

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