Eugenio Tironi: “La fuerza de las palabras”

En su columna en El Mercurio, el académico de número reflexiona sobre el poder de la palabra frente al poder de la fuerza.

“¿Cuántas divisiones tiene el Papa?”. Según cuentan, eso le dijo Stalin a Churchill cuando se repartían el mundo en Yalta, para dejar en claro que el poder real se mide en fuerza militar. Seguramente Putin piensa lo mismo. También la Casa Blanca. Su ideólogo, Stephen Miller, lo formuló sin rodeos: “vivimos en un mundo, en el mundo real, gobernado por la fuerza, gobernado por la coerción, gobernado por el poder”. Por eso, cuando León XIV denunció el bombardeo sobre Irán, el Presidente Trump reaccionó diciendo: “No creo que esté haciendo un muy buen trabajo”.

La publicación de Magnifica humanitas muestra lo contrario. No se necesitan divisiones, ni fuerza, ni coerción, para incidir sobre el mundo: a veces bastan las palabras. En estos días, muchos creyentes y no creyentes, incluso sin haberla leído, conversan sobre la encíclica. Por eso el Papa León, como su predecesor Francisco —y tantos otros herederos de Pedro—, es una figura incómoda para quienes se creen seguros sentados sobre sus bayonetas.

Esa capacidad persuasiva me ha convertido en lector habitual de las encíclicas papales. No busco información. Tampoco citas que me acomoden para lanzarlas luego como dardos en el debate público. Ni una guía concreta de conducta. Las leo con atención —con cierta entrega, con una suspensión momentánea de mis propios juicios— porque me conmueven, porque hacen temblar lo que me parecía sólido. Ya son pocos los textos que lo logran.

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