Jorge Peña: “Lo ‘iliberal'”

El académico responde a columna dominical del rector Carlos Peña publicada en Reportajes  de El Mercurio.

Sr. Director,

Carlos Peña está introduciendo en sus columnas el concepto iliberal, supuestamente poco democrático, para calificar gobiernos de Milei, Meloni y anticipan peligrosamente el de Kast. Creo que inventa un liberalismo que nada tiene que ver con el originario y clásico de Kant, Adam Smith, Mises.

Los sentimientos morales de Smith son edificantes, el concepto de autonomía de Kant poco tiene que ver con la autonomía relativista moderna. La concepción individualista del liberalismo tuvo su origen en Stuart Mill. Solo exige un único y simple requisito: que no haya obstáculos externos, porque nadie es mejor juez que yo para discernir aquello que quiero, me agrada o me conviene.

La libertad de indiferencia individualista debe su éxito y fácil difusión a su simplismo conceptual. Es del todo ajena a la libertad de decisión —en su versión clásica y cristiana— en cuanto encaminada a la perfección de la persona y al servicio de la comunidad. Somos libres cuando ejercemos ciertas capacidades y no lo somos o lo somos menos cuando estas quedan incumplidas o bloqueadas.

Además de los obstáculos externos también existen internos que para evitarlos implican, como Taylor advierte, cierto grado de conciencia de sí, discernimiento moral y discriminar motivaciones.

El error de ese tipo de liberalismo —por eso estamos entrando en un período posliberal según destacados intelectuales— es el de no aceptar un marco previo a mis propias decisiones prácticas, pensar que las reglas de juego de lo que es bueno o malo pueden ser establecidas de modo privado o individual. Afirmar que la libertad consiste en poder elegir lo que uno quiera, siendo uno mismo la propia regla de elección. El mundo del bien y el mal sería un mundo creado por la propia voluntad.

Creo que debe existir un marco previo: el valor de la vida desde su origen hasta su ocaso, el matrimonio es entre un hombre y una mujer, las disidencias sexuales pueden desarrollarse en el ámbito privado, pero sin promulgar leyes que las protejan y atenten contra el bien común, la pornografía y las drogas producen adictos y esclavos que arrebatan la libertad.

Cuando se desvincula el ejercicio de la libertad de principios comunes y universales se corre un gran riesgo.