Daniel Mansuy: “La postulación de Bachelet”

El académico analiza la actualidad política en torno a la postulación de la expresidente a la dirección de la Organización de las Naciones Unidas.

El anuncio de la candidatura de Michelle Bachelet a la ONU puede leerse como un perfecto condensado de la actual administración, tanto en política interior como exterior. De alguna manera, es un modo coherente de despedirse del poder: no hay proyecto político, pero abundan la performance y las frases grandilocuentes.

En el plano interno, la postulación de la exmandataria posee la innegable virtud de cumplir varios objetivos al mismo tiempo. Por de pronto, es un excelente pegamento para las izquierdas. Cabe recordar que un año atrás, Michelle Bachelet se retiró al sur a reflexionar sobre una eventual candidatura presidencial, a sabiendas de que su nombre recibía todos los respaldos posibles. Tal como el 2013, Michelle Bachelet encarna la unidad progresista, y sabemos que tal es el propósito que se ha trazado el Presidente Boric. Para comprender el alcance de este hecho es necesario anotar que este gobierno actual no ha logrado configurar una plataforma política que le brinde soporte, más allá de la colección de nombres. No hay cultura de coalición ni confianzas recíprocas que permitan construir un proyecto. En ese contexto, el solo nombre de Michelle Bachelet produce unidad, aunque nadie sabe muy bien qué puede significar de cara al futuro.

En cualquier caso, la postulación de Michelle Bachelet es, a todas luces, un regalo envenenado para José Antonio Kast. En efecto, el mandatario electo pagará costos elevados sea cual sea su decisión. Si mantiene la candidatura, su base no lo comprenderá; y, si la retira, iniciará su gobierno con una oposición irritada. Debe reconocerse que, desde esta perspectiva, la jugada de Gabriel Boric es hábil: une a los propios, complica al adversario y le deja como legado un problema mayúsculo al nuevo inquilino de Palacio.

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