La académica de número realiza un llamado a recuperar la confianza en las instituciones democráticas en su columna de El Mercurio.
Puede que las encuestas no siempre sean predictoras exactas de futuros resultados electorales, pero por lo general son una buena fuente para evaluar las tendencias y los cambios en la evolución de los climas de opinión de una sociedad. En este sentido, la última encuesta CEP nos lleva hoy a percibir mayor frustración y pesimismo respecto a ciertos temas relevantes.
Existe plena conciencia de que el país enfrenta un estancamiento económico. Hay menos optimismo respecto a esa promesa esencial de que el futuro augura un mejor devenir a los hijos que a sus padres, o que el porvenir promete mejorías sustantivas. Tampoco mejora, y en algunos casos empeora, la percepción negativa respecto a las instituciones fundamentales de la democracia: los políticos, los partidos políticos, el Congreso y el Poder Judicial.
Y, claro está, hay información conocida poco alentadora que no se refiere solo a bajos niveles de crecimiento económico, que es el prerrequisito esencial para cualquier progreso en la calidad de vida.