En su columna de El Líbero, el académico de número sostiene que la primera vuelta presidencial no fue solo una elección más, sino un punto de inflexión para el escenario político en Chile.
El reciente resultado electoral del 16 de noviembre deja al descubierto movimientos profundos en la reconfiguración del poder político.
La hegemonía de las derechas en juego
Más allá de las cifras brutas de la primera vuelta -una candidatura de izquierda (Jara) primera, pero con menos votos de lo esperado, José Antonio Kast en segundo lugar superando pronósticos, el sorpresivo tercer puesto de Franco Parisi, y Johannes Kaiser y Evelyn Matthei relegados más atrás-, lo que esta elección marca es la emergencia de una nueva élite política de derechas duras. Esta élite radical, de discursos extremos e iliberal-autoritaria en lo ideológico aparece desplazando la hegemonía que hasta ahora ostentaba la derecha tradicional (el postpiñerismo de Chile Vamos representado por la candidatura Matthei).
Dicho en pocas palabras, Chile está presenciando una rotación schumpeteriana de élites en la cúspide del poder: los antiguos dueños de casa ceden terreno ante nuevos protagonistas, en un proceso de “destrucción creativa” política donde los de siempre ya no son los únicos que mandan en el sector de las derechas.