Agustín Squella: “Recordatorios acerca de la democracia”

En su columna de El Mercurio, el académico de número asegura que, pese a sus imperfecciones, la democracia sigue siendo el sistema político más razonable para la convivencia social.

Sabemos que la democracia no es meritocrática. Nunca lo ha sido. Lo cual quiere decir que en las elecciones no necesariamente compiten los mejores ni tampoco son estos los que resultan finalmente elegidos. No obstante, la democracia es la más franca y atrevida de las formas de gobierno.

Franca, porque a la pregunta que hacen todas las formas de gobierno, a saber, quién debe gobernar, la democracia, hidalgamente, responde que no lo sabe; y atrevida, puesto que luego de dar esa respuesta agrega que tendrá que hacerlo aquel o aquellos que obtengan para sí la mayoría. Una regla puramente cuantitativa, pero también sabemos que es mejor contar cabezas que cortarlas.

Precisando un tanto más, la democracia responde que cualquiera puede gobernar, a condición de que obtenga la mayoría en elecciones sujetas a reglas bien conocidas. Reglas de la democracia que se exigen no solo para ganar el poder, sino también para ejercerlo luego de haberlo ganado, conservarlo, eventualmente incrementarlo, y recuperarlo cuando se lo hubiere perdido. Por tanto, la democracia es también exigente, puesto que sus reglas tienen aplicación obligatoria no solo al momento en que se determina quién o quiénes accederán al poder.

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